Desde que no escribo

Desde que no escribo por si me pierdo, por si te pierdo, por si te alejo, por si me alejo. Porque tengo miedo a abrir un mundo que no pueda volver a cerrar. Por si las letras cobran vida y me alejan de la realidad donde estoy hastiadamente sumida.

Sumida y sumisa como alguien que ha decidido tirar la toalla y aceptar qué es lo que viene, sin siquiera saber qué viene y qué va, ni a donde me llevan mis pequeños pies.
Así, cobardemente estoy desde que no escribo.

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El silencio es el grito más profundo del alma

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Si cada vez que abrimos una puerta a un mundo nuevo y desconocido pudiéramos retener en nuestra memoria la multitud de sensaciones que un lugar nos produce, quizás en cuestión de pocas horas concluiríamos quedarnos para abrir todas sus bellas estancias, o salir huyendo de un fuerte portazo para no entrar nunca más.

Delante de las puertas que se convertirían en el resto de mi existencia me encontraba una hermosa mañana de primavera. El olor a mar impregnaba mis sentidos recordándome cuánto lo anhelaba mi piel, el cielo de un azul intenso donde no había ni una nube perdida. Todo era hermoso aquella mañana con las aceras colmadas de árboles en flor y esa luz solar que ya había empezado a añorar se coló en mis ojos el tiempo suficiente para darle un respiro a mi enorme nerviosismo. Iba a conocer a mis futuros suegros y tanto me habían prevenido sobre ellos que no sabía siquiera que hacía en aquel lugar.

Si tan solo hubiera hecho caso a las sensaciones, nada habría pasado entonces, al abrirse aquella puerta a un mundo oscuro y claustrofóbico habría salido corriendo, pero no lo hice y el tiempo solo es sabio cuando ya es pasado. Cuando ya es pasado…

Qué contraste inmenso sentí al abrirse la puerta donde me esperaba mi futura familia a la que yo ingenuamente pensé que vería en muy contadas ocasiones.

Sobriedad, oscuridad y rectitud serían las palabras que  describan aquella gran casa y gran parte de lo que me iba a esperar desde los veinte años hasta los cuarenta en los que decidí esfumarme antes de morir, como si un libro de Dan Brown pujara con  tragarse mi existencia.

Fue una comida formal y protocolaria, mi suegra en su papel de anfitriona perfecta, mi suegro mucho más cariñoso y distendido. Difícilmente encajaba allí porque sentía que me asfixiaba a lo largo de aquella comida, ellos tan del norte y yo tan del sur, mientras oía las impertinencias del gracioso de mi futuro cuñado mayor y por educación y no violentar a nadie tenerme que morder las palabras para no responderle.  Si todos tenemos un cuñado el mío valía por cincuenta mil de los vuestros. El modelo de mi marido estaba allí sentado, todo lo que sería imitado en mi futuro matrimonio estaba presente ante mis ojos aquel maravilloso día. Su esposa sosa, silenciosa y sumisa representaba el ideal en el que tendría que convertirme yo.

Durante el par de horas que duró mi presentación en la familia todas las alarmas respecto a mis suegros desaparecieron, eran puras fantasías de mi marido, puras ideas insertadas en su cabeza por la maldad de Carlos su acomplejado y enfermo hermano mayor. Y fueron sustituidas por un tengo que venir aquí lo menos posible, aunque eso fue una dosis pequeña, nuestras vidas poco tenían que ver con ese nuevo mundo que empezaba a vislumbrar, regado de cantidades ingentes de alcohol, machismo, violencia intrafamiliar de todo tipo, fuerte clasismo por no llamarlo mediocridad suma, Iglesia y  la gran “Obra de Dios” y su enorme camino hasta las mismas puertas del Vaticano, serían mis nuevos compañeros de vida. Además de Pablo, mi futuro y radiante esposo.

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Adiós 2018 Hola 2019 (más personal)

No es fácil encontrar el amor, encontrarlo y dejarlo por dos veces es más difícil aún. Este año que se va perdí a alguien que me quería de verdad. Hace 26 años que cometí el gran error, porque era muy joven y muy tonta, no hay filtros para eso salvo el tiempo, pésima eligiendo mis caminos.

Nos encontramos por casualidad, ahora que lo pienso él me seguía buscando, intentando saber de su novia desaparecida. Me encontraba al final de grandes batallas y él llegó de la nada, con una sonrisa y un abrazo que me devolvió a creer en la tierra que pisaba.

Aquella noche ocurrió lo más bonito que he vivido en los cientos de años que cargo en el alma. Llovía, extrañamente aquí llovía, como la primera vez y nos besamos bajo la lluvia donde la vida me supo a él.

Aquella noche fui valiente y me agarré al sueño que tenía delante tan tierno, tan hombre, tan amante. Me permití amar, creer y disfrutar de la vida a su lado. Cómo corría la sangre por mi cuerpo, cómo sonreía y cómo quedaba aún la última estocada de mi batalla.
De la noche al día desaparecí de su vida una vez más, mi cabeza entró en shock traumático sin darme cuenta, sin que nadie lo percibiera hasta que un susto me devolvió a la vida y fui consciente de que él no estaba.
Desperté y me hacía tanta falta como el respirar, pude sentir de golpe todo lo que había sentido en mi corazón esos meses de intensa felicidad. Mi propia cabeza había saboteado mi dicha, me había hecho bulling mental si eso es posible.
Así que al nuevo año le pido:

Que sí, que tú, que no me aleje más de ti, que si es posible que sea feliz que sea contigo, a tu lado, que el tiempo nos reuna pronto, que necesito tanto verte y abrazarte como sonreír.

Y que lo que tenga que venir de aquí en adelante sea para bien.

Que te quiero y deseo, deseo mis pasos junto a los tuyos mi niño de mar.
PD: Si este hechizo sirve de algo cuando te acabes las uvas aparecerás a mi lado 😊

Feliz Navidad

Os deseo a todos una feliz Nochebuena y una gran Navidad no me atrevo a aconsejar qué es lo importante hoy en día, pero sí que hay que regarlo todo con paz y amor, hoy y todos los días, esa genial utopía que espero que se os conceda.