Caja del miedo

Hoy sin saber ni cómo ni porqué he abierto la caja de los miedos,
se han escapados todos volando por la casa como fantasmas que oprimen mi garganta hasta asfixiarme, me ahogo.

Mis manos frías, temblorosas y el rostro petrificado en un rictus de pánico.
Siento el miedo en el estómago dando patadas como si fuera una criatura formándose en mi interior,
oprimiendo el diafragma conforme crece en mí y se apodera de mi cuerpo,
mi cabeza intenta frenar este pánico que avanza invadiendo el espacio y el tiempo,
que no se detiene;
y ralentizo el pensamiento, mientras me patea el estómago, presionando mi nuca y mi sien.
Con la rigidez de los músculos agarrotados por el pánico.
Con la rabia de odiar el miedo y no poder anestesiarlo,
sabiendo que solo va a parar cuando lo haya desmenuzado en mi cabeza,
que hoy no piensa más que en miedo.
Que el mundo está a lo suyo y que yo solo siento miedo.
Que la realidad del mundo se nos escapa,
que la sucesión de acontecimientos me lleva a pensar que no somos nada,
y no somos nada en las manos equivocadas.
El miedo, ese instinto primario, que busca la supervivencia del individuo en cualquier ambiente hostil.

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